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Sordera en español

Carta de una hija SORDA a su madre oyente

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Querida mami,

Te extraño, mucho. Nuestro camino juntas los últimos años fue el camino de mi deficiencia auditiva, que recorrimos de la mano, que vivimos a costa de muchas lágrimas en incontables viajes a Porto Alegre.

Recuerdo una noche en el cuarto del hotel después de un día de exámenes en el que nos miramos llorando y nos dijimos una a la otra: “¿Nos enfrentaremos a esta también?” Y lo hicimos. Recuerdo la madrugada en la que fui al centro quirúrgico del Hospital de Clínicas y tuve que hacerme la fuerte cuando te di un beso de hasta luego y tu imagen iba despareciendo en el pasillo, llorando.

Nuestro camino fue penoso, periquita. Pero atesoro cada lágrima, cada mirada, cada experiencia y cada enseñanza que nos dimos una a la otra.

Mirando hacia atrás, es solo agradecimiento lo que tengo. Porque desde que yo era muy chiquita tú te transformaste en mis oídos.

Ellos me abandonaron pero tú estabas ahí para salvarme. Y yo me sentía la persona más suertuda del mundo por tener una madre leona que me protegía de todo y de todos.

¿Recuerdas cómo te enfurecías si alguien me llamaba sorda? ¿Recuerdas que cuando alguien me hablaba y yo no entendía, apenas te miraba y tú respondías? ¿Recuerdas cuando alguien me llamaba y yo no oía, y tú gritabas más alto para alertarme? ¿Recuerdas cuando me llevabas a la escuela de sordos para hacer un curso de lenguaje de señas cuando iba a la facultad? ¿Recuerdas a la primera fonoaudióloga que sugirió que tenía pérdida auditiva y tú casi la golpeaste? ¿Recuerdas mi diagnóstico, que te hizo tener un colapso nervioso en el consultorio? ¿Recuerdas cuando empecé a usar aparato auditivo y no sabías bien cómo hablarme sobre eso? ¿Recuerdas cuando leíste el primer post de Crónicas y lloraste como si fueras una niña? ¿Recuerdas el primer comentario que me dejaste aquí en 2011? ¿Recuerdas cuando decidí que quería hacerme el implante coclear y te dejé boquiabierta?

Ya no estás aquí.

El mejor regalo que se le puede dar a un niño es amor. Lo demás es lo demás. Me quedé sola en el mundo cuando te fuiste, pues descubrí que dentro de mí todavía tengo siete años y quiero gritar, “¡mááá, tengo un silbido en el oído!”. Es el dolor más penoso, el dolor más vacío. Es el viento norte del alma. Silencio pesado e incomunicable.

Qué locura es aterrizar en un aeropuerto y ya no recibir tu mensaje preguntando si llegué bien, mami. No oigo más tu voz y no puedo llamarte. El “hola hijita” o “te amo más que al mundo”, el “mi babys” hoy habitan solo en mi memoria.

Soy agradecida por haber tenido la oportunidad de volver a oír tu voz en esta vida, era lo que más quería en el caso de volver a oír. Soy agradecida por haber sido capaz de llamar a la ambulancia a tiempo para haber tenido la oportunidad de verte vivir nueve meses más.

Solo pude hacerlo porque tú me guiaste en este largo camino. Lo atravesamos juntas, mi viaje silencioso fue el nuestro. Sin ti, no habría vuelto a oír. Sin tu coraje. Sin tu apoyo. Sin tu presencia constante. Sin tu aliento. Sin haber podido llorar en tus brazos. Si no hubieran sido tus ganas de verme entera, aún estaría por la mitad.

Dicen que uno elige a su propia madre antes de encarnar en esta vida. Creo que te elegí porque necesitaba aprender a ser fuerte. Algunos heredan bienes, yo heredé la fuerza. Es la que me sostiene para ir adelante y que me saca unas sonrisas los días en que se me hace difícil hasta respirar.

Leí tu mente. Leí tus ojos. Leí tus sonrisas. Leí tus lágrimas. Leí tus labios.

Memoricé tus labios de arriba abajo, creo que era capaz de leerlos incluso en la oscuridad. Lloro sola muchas noches. ¿Cuál es la mitad del camino entre atesorar a una persona en el pecho y no poder hablar más con ella? ¿Cuál es el punto de equilibrio para quien está al borde del abismo, mamá?

Gracias por haber sido mi escudo. Mi bastón. Mi silla de ruedas. Mi intérprete. Mi traductora. Mi portavoz. Mi mejor amiga. Mi fiel escudera. Mi hermana menor rebelde. Mi compañera de viajes.

Gracias por haber sido mis oídos durante treinta y un años.

Gracias por empujarme a la luz.

Gracias por enorgullecerte por cada cosita que logré hacer bien en esta vida. Por estar a mi lado en todos los momentos importantes. Por estar en espíritu a partir de ahora. Por hacer aparecer una estrella fugaz en el cielo cuando te pregunto en pensamientos si estás bien ahí del otro lado.

Gracias por hacer que una mariposa azul se pusiera a sambar frente a mí en plena Avenida Nossa Senhora de Copacabana. Gracias por haber hablado conmigo durante dieciocho minutos el día antes de que partieras. Gracias por conducirme, con intuición de madre, por el camino correcto. Gracias por limpiar mis caminos, de las formas más locas que se puedan imaginar.

Hoy entiendo, madre. Voy a pasar el resto de mis días ensayando nuestro reencuentro. Que va a ser muy lindo, lo sé. Sigue apareciendo en mis sueños, por favor.

Te amo más que al mundo.

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Moro no Rio de Janeiro e tenho 39 anos. Tenho Implante Coclear nos dois ouvidos. Sou autora dos Crônicas da Surdez e Novas Crônicas da Surdez.

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