Ícone do site Crônicas da Surdez – Surdos Que Ouvem – por Paula Pfeifer

Solo la musica salva: una reflexión acerca de la musica y la sordera

sordera y musica

Nunca fui una persona muy musical, por obvias razones: mi sordera. Confieso que siempre me pareció un poco rara la obsesión de las personas por la música, ya que para mí no tenía mucho sentido. Durante la adolescencia tuve una fase en la que me volví fan de los discos de Madonna, Aerosmith, Oasis, la banda sonora de las novelas, la banda sonora de las películas.

Trataba de no apasionarme por la música mientras estaba aún en la etapa de sordera severa porque sabía que un día llegaría la sordera profunda y tenía miedo del dolor que sentiría cuando ya no escuchara nada.

¡Son los sentimientos confusos y horrorosos que solo la sordera progresiva reserva para ti! 2013 fue un año importante en mi vida en relación con lo musical.

No me pregunten por qué pero fue la época en la que más escuché música. Lo hacía con aparatos auditivos, vía bluetooth, o entonces cuando conducía, en el equipo del carro.

Después del implante coclear, me llevó un tiempo tener ganas de volver a escuchar música y solo comenzó a gustarme realmente cuando programamos el cable de audio para que bloqueara los otros sonidos y solo trajera la música.

Pero había que resolver dos cuestiones: solo escuchaba con un oído y no escuchaba de la misma forma que antes. Al principio mi cerebro se comportó un poco como: “No, linda, gracias pero ¡NO!”

Ocurre que no me rindo fácilmente. Cuando me regalaron un iPhone empecé a juntar en iTunes todas las canciones que me gustaban y que me acordaba de antes.

Y entonces fue amor

Primero porque estaba oyendo y entendiendo las letras, algo realmente inédito para mí; segundo, porque estaba redescubriendo las canciones y oyendo los instrumentos que antes no podía oír. Evolucioné MUCHÍSIMO con mi primer implante coclear, muchísimo en serio.

Me volví incluso presumida al punto de creer que estaba tan bien que era inmejorable el modo en el que oía música. Pero estaba AB-SO-LU-TA-MEN-TE equivocada.

Apenas dos meses después de la activación de mi segundo implante coclear logré comprender la dimensión del lío en el que me había metido. Y digo “lío” en el buen sentido, porque lo que ya era maravilloso tuvo la proeza de volverse aún mejor.

Hoy en día no me gusta escuchar música en mono, sólo lo hago en estéreo. Y en determinados momentos ni siquiera puedo creer que soy capaz de hacerlo, es algo surreal. Una sorda profunda escuchando música, entendiendo la letra, sintiendo de qué lado suena cada parte de la canción.

Es muy loco, por decir lo mínimo.

Este último mes mi relación con la música se hizo más fuerte. Empecé a viajar todos los días al centro de Río en metro, y como nadie merece todo ese ruido, uso el tiempo para escuchar música en la app Spotify. Ese momento empezó a ser mi meditación diaria.

Treinta minutos por la mañana y treinta minutos al final del día. Mi cuerpo me pide ese momento, tanto que apenas pongo los pies fuera de casa temprano por la mañana ya estoy activando el bluetooth del celular para comenzar a escuchar.

Cada día descubro una canción nueva. Cada día redescubro que cantaba mal alguna canción.

Ayer, fue el estribillo de “Sozinho”, de Caetano Veloso. Me moría de la risa…

La opción de bloquear totalmente el ruido de la ciudad – y de la vida – y que apaga todos los sonidos de alrededor y capta solo la música es algo que comprendí muy tarde, a los 35 años.

Quién diría que a esta altura del partido la música se volvería uno de mis mayores placeres. Quién diría…

GRUPO SURDOS QUE OUVEM no Facebook: seja membro!

LEIA MAIS SOBRE APARELHO AUDITIVO

NOSSAS REDES SOCIAIS

RECEBA NOSSAS NOVIDADES NO SEU EMAIL

Clique aqui para receber.

LEIA MAIS SOBRE SURDEZ

Sair da versão mobile